Saturday, October 31, 2009

Pedro Cepero

No sé si soy justo o impreciso incluyendo a Pedro Cepero en este blog donde se mencionan a aquellos quienes ya no están; mas quiero hacer una semblanza de este caballero quien, estando en amoríos con mi madre soltera, me llevó a la escuela en mis primeros años, comoquiera que, algo más de diez años mayor que ella y con la salud deteriorada cuando supimos por última vez de él es muy probable su deceso en La Habana incluso hace ya algunos años.
Pedro era largo y flaco vestia con elegancia, algo inusual por esos años en Cuba donde cualquier viso de refinamiento podía oler a burgués y contrrevolucionario; sin embargo Pedro no era ningún “gusano” (detractor de los ideales de “La Revolución”), al contrario era militante del Partido (comunista, por supuesto, el único) y cuando aprendí esas cosas del trabajo de los adultos supe que era “administrador del bloque Cofiño”, puesto imposible sino hubiera sido fiel a tales causas; este bloque era un conjunto de tiendas sobre la calle Neptuno o San Rafael o ambas no recuerdo bien, llegando a la avenida Galiano llendo desde mi casa, eran pequeños negocios “nacionalizados” (confiscados por el gobierno) y ahora administrados por funcionarios públicos; pero la época de las intervenciones y los uniformados en la calle había terminado; Pedro era un jóven peletero (empleado de una tienda de zapatos) cuando sucedian esas cosas y por alguna via, a pesar de su corbata y su camisa fina logró esa posición; más adelante; como administrador de la tienda “El Louvre”, donde se proveia a los funcionarios del gobierno de viaje al extranjero de la maleta, un par o dos de zapatos y otras prendas incluido el “zafari (especie de guayabera entallada atuendo típico de cualquier cubano de la isla en el exranjero en viaje de trabajo u oficial) Pedro andaba de traje sin ser mal visto.
Todo lo anterior es una fria disección de Pedro Cepero a la luz de cierto contexto social; puedo agregar cómo en la “segunda época” de conquista de mi madre administraba los restaurantes de La Habana Vieja, lo cual permitió que ella fuera agasajada con decenas de invitaciones a estos lugares de lujo; pero mis recuerdos de Pedro son más tiernos; no sólo de llevarme a la escuela, sino al parque, de fabricar un papalote, de darme un billete para que comprar un helado o granizado de los últimos sobrevivientes de estos carritos en el Parque Maceo, dándome la seguridad de ir sólo a más de diez pasos de ellos y quizás, de paso,le robó un beso a su novia.
En espectos más prácticos, aprovechando su posición, mi hermano y yo fuimos privilegiados con más de tres juguetes al año (una básico y dos adicionales), nunca gozamos de la posición de “hijos de dirigente” pero al menos en este aspecto paliamos esas escaceses en nuestra infancia.
También recuerdo como su apellido coincidía con el de un conocido locutor de la televisión, alguna vez me dijo que eran primos pero nunca supe si era verdad, no porque fuera él mentiroso sino porque a los niños a veces se les miente asi inocentemente; me viene también a la mente cuando estudiaba Ciencias Sociales y con las piernas largas en la cama, con ropa pero descalzado (con unos calcetines negros como su pantalón) apoyaba la espalda en una almohada contra el cabecero y sostenía un gigantesco libraco de historia o marxismo entre las manos, largas y finas tambien y velludas.
Aquel amor entre Pedro y mi madre era algo imposible de madurar; él como todo un militante, ella con intenciones de irse del país. Las circunstancias llevaron a que ambos envejecieran en La Habana pero por separado y alguna vez nos visitó, ya canoso y deprimido pues las cosas con sus hijos no iban bien. Mi hermano, creo que poco antes de irse definitivamente del país, lo fue a ver en su Habana Vieja, su vejez había sido catalizada por el sufrimento a la muerte de Pedrito y Guillermito, cuidaba de algunos pájaros enjaulados a quienes no quería dejar escapar como a sus hijos varones, por su propia voluntad, pues si bien Guille no tomó una arma en la mano si tomó suficiente alcohol para conducirlo a la cirrosis hepática que se lo llevó.
No sé por donde andarán sus hijas, la linda Marlene y su hermana, seguramente con hijos las dos; tampoco adonde fue a parar un dibujo muy apropiado para cubrir el espacio dejado en la pared de su apartamento por un librero cuando me lo regaló para organizar mi biblioteca; era un dibujo de mi etapa de los “viejitos” tiernos personajes enredados en un abrazo entre rejas habaneras… quizás la historia trunca de mi madre y Pedro Cepero inspiraron un tanto estos personajes.

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